Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 31 mayo 2010

Hace alrededor de un mes, de visita al mercado de las pulgas de Bleší trh, cercano a la estación de metro de Kolbenová, me encontré con este curioso aparato de baquelita y su inconfundible olor. Lo digo porque la baquelita tiene un olor muy característico: es un olor  almacenado en la memoria olfativa que me recuerda a mangos de sartenes o cazos recalentándose hasta temperaturas imposibles sobre un fuego de gas a todo trapo, en la cocina del piso donde vivía con mi familia cuando era pequeño. Siempre me pregunté por qué eso mangos no acababan derritiéndose como lonchas de queso barato (lonchas de aquéllas que venían envueltas individualmente en un plástico que era poco menos comestible que el presunto queso que envolvían) hasta que aprendí que la baquelita resiste temperaturas altísimas.  El caso es que cuando me encontré este aparato y me lo llevé a la cara tras intuir su funcionamiento, reconocí el olor de su material al instante.

Los visores de fotografías estereoscópicas como el Meoskop, de fabricación checoslovaca, también forman parte de mi memoria, en este caso de la visual, ya que recuerdo haber tenido uno de ellos en mis manos cuando era pequeño, durante una visita al parque de atracciones del monte Igueldo, así que cuando el otro día me encontré con esta ganga en el puesto de chatarra de aquel señor que vendía desde tornillos oxidados hasta lámparas de transitores Tesla, cuya producción se debió interrumpir tiempo después de la Segunda Guerra Mundial, me llevé una gran sorpresa y decidí pagar las 160 coronas checas (poco más de seis euros) que se me pidieron, sin ni siquiera regatear de lo emocionado que estaba. En la oferta se icluyeron también, aparte del trozo de baquelita, tres discos de fotografías estereoscópicas de los años cincuenta o sesenta, con paisajes del norte de Checoslovaquia, montañas de la zona de la actual Eslovaquia, o tomas de diferentes partes del Teatro Nacional en Praga.

La experiencia de acercar el Meoskop a los ojos para contemplar una de las siete parejas de fotos que componen cada disco puede quedar desvirtuada por el tremendo renacimiento que está sufriendo la tecnología 3D. Supongo que a alguien que haya visto cualquiera de las películas en 3D en el cine que hasta ahora me he negado a tragarme pensará que el Meoskop es tan primitivo y ridículo que no merece la más mínima atención, pero para mí se ha convertido en una auténtica ventana al pasado de un país que ya no existe, de un mundo que ha cambiado radicalmente y de una tecnología que en su día fue tremendamente novedosa, aunque ahora parezca totalmente obsoleta.

Anuncios

Read Full Post »

El 21 de enero pasado hizo tres años de mi llegada a Islandia, y hace unos tres días cumplí ocho meses en Praga. No parezco estar tomándome en serio lo de escribir sobre estos tres últimos años de mi vida, y es una pena, porque están siendo los más intensos de mi historia personal.

Antes he releído la última entrada de este blog referida a Islandia, y he recordado lo premonitorio de las palabras de Óli, cuando dijo que lo último que le faltaba a Islandia por sufrir era una erupción del volcán Hekla… Lo gracioso del tema es que poco más de un año después de haber pronunciado esa frase, un volcán islandés y su nube de cenizas paralizaron el espacio aéreo europeo durante más de una semana, aunque no se trató del Hekla sino del Eyjafjalla. Durante toda esa semana yo estuve en España, viendo todos los días en la tele las imágenes de un paisaje coronado por un volcán que yo ya me había acostumbrado a contemplar a una distancia mucho más cercana durante más de un año de mi vida. Tan poca era la distancia que nos separó a ese volcán y a mí que secretamente albergué la esperanza de verlo entrar en erupción en directo, pero como siempre me ocurre, o llego tarde o ya me he marchado cuando las cosas importantes ocurren. Y a todo esto, María escribiéndome en Facebook que tenía que volver a Islandia, que me estaba perdiendo algo increíble… ¡Como si no me lo hubiese podido imaginar!

Llevo  más de un mes leyendo la edición inglesa de Gente Independiente, de Halldór Laxness. Cada página del libro se convierte en un doloroso recordatorio de aquella tierra abandonada contra mi propia voluntad. Lo cierto es que me está costando avanzar en el libro por lo complicado de conciliar el hecho de leer con la imposibilidad de evitar una constante evocación de aquél mundo al que fui totalmente ajeno, pero al que me pude asomar desde un punto de vista muy privilegiado. Cuanto más pienso en la isla más me doy cuenta de que Islandia no habría sido tal si no hubiese sido por la presencia en el país de Óli, que me hizo entender algo tan complejo sirviendo de visagra, de intérprete, de intermediario y de confidente.

Puede parecer que Praga no me produce el más mínimo entusiasmo, teniendo en cuenta lo poco que le he dedicado a la ciudad en este fallido diario, pero lo cierto es que Praga y, por extensión, la República Checa, se parecen más a mi mundo que Islandia, así que supongo que esa es la razón por la que aún no me he propuesto preparar la lista de virtudes, bellezas, exquisiteces, defectos, inmundicias o suciedad que tanto me hacen querer a esta ciudad tan mundana, tan humana.

Read Full Post »