Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for 26 diciembre 2011

Se trata de uno de esos regalos navideños que se han puesto de moda en estos tiempos de crisis: un cupón para disfrutar de una cena para dos personas. El lugar, un restaurante en el barrio de Karlín, se anuncia como Restaurante Español Mamacita Catalina. Klaar se resiste a ir pero intento convencerla de que tenemos que visitarlo aunque solo sea para ver qué porcentaje del menú es español. A pesar de todo, sospechamos que la decepción será mayúscula.

Para empezar: ¿dónde se ha visto un restaurante español que se llame “Mamacita”? “Mamacita” es un término que escuché por primera vez cuando fui a vivir con mis padres e Inge a Colombia. Sé que también se usa en otros países de Hispanoamérica, pero desde luego me resisto a asociarlo a ninguna experiencia culinaria española.

Por si quedaba alguna duda, el menú que se ofrece las despeja todas: guacamoles, tacos, burritos y sopas mexicanas de frijoles se hermanan en una improbable sinfonía con paellas “de carne, pollo y cerdo” (sí, sí, los tres a la vez) y una sección de pescados protagonizada por un extraño y limitadísimo binomio: gambas (congeladas, supongo, a no ser que las hayan empezado a criar en el río Moldava) y trucha (de piscifactoría y seguro que también congelada).

Ya sé que no es de buena educación criticar los regalos que uno recibe. Ojalá mañana nos llevemos una sorpresa muy grata y escriba una nueva entrada alabando las exquisiteces de Mamacita Catalina. Por si acaso me voy a llevar una cámara y una libreta: Klaar y yo estaremos atentos a todo lo que se cueza en el restaurante.

http://mamacita.cz/

Read Full Post »

El bohemio (2)

Es un frío sábado de marzo, alrededor de las nueve de la mañana. El calor de las mantas me retiene en la cama. El silencio y la penumbra en la habitación me invitan a dejarme caer en los brazos del sueño de nuevo, pero la vejiga ha decidido boicotear mi idilio con Morfeo. El suave respirar de Klaar junto a mí me dice que levantarse es un suicidio, que no hay mejor sitio en el mundo que ese, pero al final la necesidad de ir al baño le gana la partida a la cama. Tras dejar las sombras atrás aterrizo en la sala, aún sacudiéndome el sopor del cuerpo, pero a medida que me acerco al baño comienzo a entender que algo no encaja: la puerta que da a la habitación de Jan (que en realidad es la cocina) está entreabierta, algo que no suele ocurrir nunca. Unos paso más me acercan no sólo a ese hecho inusual, sino a un suave ronroneo que se escapa por la rendija de la puerta. El ronroneo viene también acompañado del efluvio etílico de alguien que se ha pasado la noche dando tumbos de bar en bar, como sólo Jan sabe hacer. Al llegar a la esquina donde convergen las puertas del baño y la cocina decido hacer sufrir a mi vejiga unos momentos más y me atrevo a colarme dentro de la cocina para ver qué es lo que ha pasado. Sé que no debo hacerlo, pero la curiosidad me puede, y el atrevimiento se ve recompensado por una escena de un precio incalculable. Casi corriendo dejo la habitación-cocina de Jan y regreso a la mía a por la cámara. Klaar me pregunta qué está pasando y la tranquilizo diciéndole que en unos momentos se lo enseño. Al regresar frente a la puerta de la cocina me aseguro de que los ronquidos de Jan se siguen emitiendo rítmicamente. Franqueo la puerta de nuevo, de puntillas y con la cámara en ristre, haciendo de ésta la avanzadilla digital tras la que protegerme. Al llegar al centro de la cocina el corazón me late aceleradamente, y me siento como si acabase de entrar en la guarida de la fiera durmiente, oliendo el peligro (y su resaca) a cada ronquido, temiendo que en cualquier momento su suave roncar se parará, justo antes de despertarse y descubrirme. Una de las baldosas flojas del suelo emite un ligero chasquido al pisarla y en la secuencia de ronquidos se deja de escuchar uno, adelantando una situación que sería incapaz de justificar: si se despierta y me descubre, ¿cómo le explico qué es lo que estoy haciendo, en su habitación, con una cámara en la mano a punto de tomar una foto de él en esas circunstancias? Jan se estremece y mi corazón se cobresalta aún más, pero por fortuna los ronquidos retoman finalmente su rítmica cadencia. Para entonces ya he apretado el disparador. Unos momentos después me encuentro de nuevo en el refugio que es mi cama. Ese día el dragón continuará durmiendo por tiempo indefinido, sin saber que alguien le ha visitado en sueños …

Read Full Post »

El bohemio (1)

Son las cinco y media de la mañana. El ruido de algo cayendo al suelo y un sonido semejante al de unas uñas rascando sobre nuestra puerta nos secuestran de nuestro sueño para traernos a la cruda realidad de la mañana del lunes. Klaar se levanta de un salto y camina hacia la puerta, aún borracha por el sopor, mientras yo, torpemente, alcanzo a encender la lámpara que hay junto a mi cama. Tras abrir la puerta, un perro ladra desde la cocina, y de repente escucho a Klaar preguntando en checo qué está pasando y, aunque no alcanzo a ver lo que ocurre, escucho a Jan balbucear algo como contestación, pero sé que lo que dice no sirve de respuesta y sospecho que aunque yo fuese capaz de hablar checo como un nativo, jamás habría podido entender lo que Jan intenta articular. Inmediatamente después Klaar vuelve a entrar a la habitación, regresa a la cama e intercambiamos algunas palabras aún medio dormidos. Unos minutos después suena la alarma de Klaar, ella se levanta y se va al trabajo, el perro vuelve a ladrar y yo me vuelvo a dormir, aprovechando que no me tengo que levantar hasta algo más tarde.

A eso de las diez llamo a Klaar por teléfono y le pregunto qué es lo que ha pasado con Jan, como si aún no acabase de creerme que el episodio realmente ha ocurrido. Klaar me dice que al abrir la puerta se ha encontrado a Jan a cuatro patas, frente a nuestra habitación, y que tras preguntarle qué es lo que estaba pasando éste ha pronunciado algo tan ininteligible que me temo que nos quedaremos con la duda hasta que esta noche, cuando él se levante para iniciar su jornada (que generalmente se desarrolla durante las horas contrarias a las de la actividad de los demás seres humanos), le volvamos a preguntar qué demonios estaba haciendo comportándose como un cuadrúpedo cuando nos ha despertado. Seguramente dirá que no lo recuerda, como cuando una noche, hace no demasiado, entró a trompicones en la habitación de Premek mientras éste dormía: nadie  ha sabido, hasta la fecha, qué fue lo que le hizo comportarse (de nuevo) como un cuadrúpedo, por mucho que en aquella ocasión, como Premek asegura, aún mantuviese cierta compostura (tambaleándose, eso sí) sobre sus dos patas.

Read Full Post »