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Archive for the ‘Eyjafjalla’ Category

El 21 de enero pasado hizo tres años de mi llegada a Islandia, y hace unos tres días cumplí ocho meses en Praga. No parezco estar tomándome en serio lo de escribir sobre estos tres últimos años de mi vida, y es una pena, porque están siendo los más intensos de mi historia personal.

Antes he releído la última entrada de este blog referida a Islandia, y he recordado lo premonitorio de las palabras de Óli, cuando dijo que lo último que le faltaba a Islandia por sufrir era una erupción del volcán Hekla… Lo gracioso del tema es que poco más de un año después de haber pronunciado esa frase, un volcán islandés y su nube de cenizas paralizaron el espacio aéreo europeo durante más de una semana, aunque no se trató del Hekla sino del Eyjafjalla. Durante toda esa semana yo estuve en España, viendo todos los días en la tele las imágenes de un paisaje coronado por un volcán que yo ya me había acostumbrado a contemplar a una distancia mucho más cercana durante más de un año de mi vida. Tan poca era la distancia que nos separó a ese volcán y a mí que secretamente albergué la esperanza de verlo entrar en erupción en directo, pero como siempre me ocurre, o llego tarde o ya me he marchado cuando las cosas importantes ocurren. Y a todo esto, María escribiéndome en Facebook que tenía que volver a Islandia, que me estaba perdiendo algo increíble… ¡Como si no me lo hubiese podido imaginar!

Llevo  más de un mes leyendo la edición inglesa de Gente Independiente, de Halldór Laxness. Cada página del libro se convierte en un doloroso recordatorio de aquella tierra abandonada contra mi propia voluntad. Lo cierto es que me está costando avanzar en el libro por lo complicado de conciliar el hecho de leer con la imposibilidad de evitar una constante evocación de aquél mundo al que fui totalmente ajeno, pero al que me pude asomar desde un punto de vista muy privilegiado. Cuanto más pienso en la isla más me doy cuenta de que Islandia no habría sido tal si no hubiese sido por la presencia en el país de Óli, que me hizo entender algo tan complejo sirviendo de visagra, de intérprete, de intermediario y de confidente.

Puede parecer que Praga no me produce el más mínimo entusiasmo, teniendo en cuenta lo poco que le he dedicado a la ciudad en este fallido diario, pero lo cierto es que Praga y, por extensión, la República Checa, se parecen más a mi mundo que Islandia, así que supongo que esa es la razón por la que aún no me he propuesto preparar la lista de virtudes, bellezas, exquisiteces, defectos, inmundicias o suciedad que tanto me hacen querer a esta ciudad tan mundana, tan humana.

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